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Luis Guerrero sobre concurso de proyectos de innovación: “Se abre un proceso de desarrollo y maduración de experiencias”

El experto en educación, Luis Guerrero Ortiz, en un reciente artículo publicado en el portal Educacción, considera al Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación Peruana (FONDEP) como una institución que induce a los maestros, a través de concursos, a diseñar proyectos pedagógicos, una modalidad didáctica en general desusada en las escuelas, pese a ser la más recomendable para desarrollar competencias en los estudiantes.

Es el caso del Concurso Nacional de Proyectos de Innovación Educativa que se desarrolló en el año 2019, donde 50 proyectos de instituciones educativas de 18 regiones fueron premiados. Sin embargo, Guerrero señala que estos proyectos no son necesariamente innovadores, en sentido estricto, pero que están bien concebidos y cuyo potencial pedagógico podría abrir más adelante las puertas a la innovación, al menos en algunos casos.

“Esta selección ha obedecido a la intención expresa de acompañar estas experiencias, de ponerlas en contacto entre sí para facilitar el interaprendizaje, de someterlas a juicio de expertos y de retroalimentarlas continuamente a fin de ayudarlas a evolucionar. En este proceso, equivocarse estará permitido, lo que estará prohibido es no aprender de los errores. El resultado, luego de un tiempo, puede ser una innovación o puede ser un proyecto pedagógico modelo, magistralmente conducido”, destaca.

El concurso se desarrolló a nivel nacional por primera vez y tuvo una masiva participación. Fueron 2 mil 173 proyectos presentados en total.  Una convocatoria que no termina en un premio, una felicitación y una foto o un desembolso ciego de recursos –señala Guerrero-, “sino que abre más bien un proceso de desarrollo y maduración de experiencias, y que conforma además una comunidad de buenas prácticas, no tiene precedentes en el país”.

En ese contexto, el autor también recomienda modificar el mal hábito de obsequiar el apelativo de innovadora a cualquier práctica que represente un avance objetivo en el afán de superación profesional de los docentes. “También necesitamos vencer la tentación de montar al corto plazo una vitrina con decenas de miles de maestros supuestamente innovadores, pues una burbuja como esa reventará con estruendo cuando se les pida rendir cuentas con evidencias de sus aparentes innovaciones”, manifiesta.

Es así que destacamos la frase con la que el autor cierra la nota “no se requiere ser un innovador para ser un maestro extraordinario, y no ser innovador no es un demérito”.